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ABR

Internacional Once ONG's internacionales publican el informe "Atrapados en el conflicto", sobre la situación en Afganistán

En el 2008, el número de muertes de civiles en el conflicto  incrementó un 30%, según publica el informe “Atrapados en el conflicto” realizado por organizaciones humanitarias que trabajan en el país.

Las organizaciones firmantes del informe “Atrapados en el conflicto” son: Action Aid, Afghanaid, CARE, Christian Aid, Cordaid, DACAAR, ICCC, el International Rescue Committee, Marie Stopes International, Oxfam Internacional y Save the Children Gran Bretaña.   

El incremento de tropas en Afganistán podría aumentar el sufrimiento de los civiles afganos si no se prioriza la seguridad de la población en las operaciones de las fuerzas militares internacionales, alertan las organizaciones humanitarias que trabajan en el país.  

En motivo de la celebración del 60 aniversario de la OTAN, 11 ONG internacionales, entre las cuales están Oxfam Internacional, Action Aid, Care y Save the Children Gran Bretaña, publica el informe “Atrapados en el conflicto”, en el cual instan a la OTAN y otras fuerzas militares a modificar sus estrategias militares en Afganistán.

En el 2008, 2.100 civiles murieron a causa del conflicto, un incremento del 30% respecto al año anterior. Aunque el 55% de estas muertes fueron provocadas por grupos insurgentes, las víctimas de los bombardeos aéreos llevados a cabo por las fuerzas pro-gubernamentales también incrementaron en el último año un 70% (552 muertos en 2008)  

Según Lara Contreras, responsable de incidencia política de Intermón Oxfam “Es necesario que la protección de los civiles afganos sea prioritaria en las estrategias militares. Sino, por mucho que aumentemos el número de tropas, nunca lograremos que Afganistán sea un país estable y seguro”. 

“A pesar de los pasos realizados para tratar de reducir las muertes entre la población civil y las repetidas llamadas hacia un uso moderado de la fuerza, gran parte de las operaciones militares todavía causan demasiadas pérdidas y graves daños en la propiedad. La rabia, el miedo y el resentimiento están haciendo mella en las poblaciones afganas, que cada vez son más reacias a la presencia internacional”.  

La OTAN y las otras fuerzas militares presentes en Afganistán deberían implementar medidas capaces de reducir el número de víctimas entre los civiles. Hacer más estricta la normativa que regula los bombardeos aéreos, garantizar el uso apropiado de la fuerza en las incursiones nocturnas y someter las operaciones de las fuerzas especiales a supervisiones rigurosas podrían resultar medidas efectivas.

El estudio realizado por las ONG advierte sobre la inexistencia de sistemas de investigación y compensación unificados para los civiles afganos afectados por las operaciones militares.  Lara Contreras ha dicho “Las compensaciones a la población son insuficientes y fragmentadas y la mayoría de los afganos no pueden alcanzarlas. Se debe crear un sistema unificado que garantice la investigación y compensación ante los daños ocasionados”. 

Por otro lado, el estudio alerta sobre la confusión creada entre trabajadores humanitarios y soldados, al realizar éstos últimos labores de asistencia humanitaria cuyo objetivo final es hacer frente a la insurgencia y utilizar vehículos blancos no identificados (convencionalmente, sólo Naciones Unidas y las organizaciones humanitarias utilizan este tipo de vehículos). Esta confusión altera la percepción de la población local acerca de la independencia e imparcialidad de las agencias humanitarias, incrementando el peligro al que se ven expuestos sus trabajadores y reduciendo las zonas seguras en las que pueden operar. 

Los equipos de seguridad y reconstrucción militares (PRTs), siguen recibiendo grandes cantidades de dinero: el presupuesto anual para el PRT de los Estados Unidos – más de $200 millones – sobrepasa los presupuestos nacionales afganos destinados a salud y educación. Las organizaciones recomiendan un abandono paulatino de la ayuda realizada por los militares  e incrementar los fondos a desarrollo y ayuda humanitaria gestionados por las instituciones civiles y organizaciones.  

“Hasta ahora, no ha habido una estrategia global para hacer frente a la inseguridad en Afganistán y la reconstrucción del país ha sido poco sistemática e insuficiente. Se debe concebir una nueva estrategia que comprenda que las soluciones militares aisladas no lograrán la  paz ni estabilidad en el país” comenta Contreras.  

El informe recomienda una estrategia a largo plazo para Afganistán que incluya mayor apoyo hacia el desarrollo rural, medidas de mejora en la efectividad de la ayuda y una respuesta más adecuada a las urgentes necesidades humanitarias en el país.  

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